GIPUZKOA ZUTIK! :UNA GRAN CUADRILLA DE DESCONOCIDOS (Por AMADOR FERNÁNDEZ-SAVATER)

Gipuzkoa zutik. 2Fin de semana en Donosti, invitado desde la Tabakalera a un encuentro sobre cine y política. En las conversaciones pregunto cómo está Donosti, qué pasa, si se mueve algo. No recibo muy buenas noticias: al parecer, la gestión de Bildu no consiguió introducir cambios significativos de tendencia, ahora con el PNV la lógica de mercado se expande con un punto vengativo (proyecto de metro hasta la playa de La Concha, turistización de la parte vieja…) y políticamente aún se vive en la “resaca” del conflicto vasco. “Pasarán muchos años antes de que algo nuevo y distinto pueda irrumpir por aquí”, me dice alguien. Y sin embargo…

Me contactan desde la acampada Gipuzkoa Zutik! (@GipuzkoaZutik) contra el proyecto de incineradora. Les he visto estos días plantados en los jardines –belle epoque– de la plaza Guipuzkoa, frente al edificio de la Diputación, pero la verdad es que no me he detenido a mirar. Seguramente yo mismo estoy instalado en esa idea de que nada nuevo y distinto puede pasar por mucho tiempo allí donde hay aún tantas heridas abiertas, nada por fuera de las identidades y posiciones ya conocidas, no codificado. “Serán las juventudes de la izquierda abertzale”, imagino que pensé inconscientemente al pasar por la plaza.

La gente de la acampada me invita a un diálogo abierto sobre lo que viví durante el 15M, lo que vi en la République de París y lo que pasa ahora en Donosti. Voy acompañado de amigos: Juan y Frauke que viven desde hace años en Donosti, David que viene conmigo desde Madrid. La acampada ocupa una esquina de la plaza, hay unas pocas tiendas de campaña y una gran tela multicolor ocupa el espacio central. Enseguida da comienzo la conversación: se pone una lona en el suelo de una de las aceras y allí nos juntamos unas treinta personas. Todo lo que escucho me sorprende y me alegra muchísimo. Ahora lamento no haber grabado el momento de pensamiento colectivo que se produjo, aquí van simplemente algunas notas de memoria y observaciones, pido disculpas de antemano si mis recuerdos no son exactos. El proceso de Gipuzkoa Zutik! -las manifestaciones, las acampadas en la plaza y los desalojos policiales- está relatado estupendamente aquí.

La incineradora

La víspera ha habido manifestación grande en Donosti contra la incineradora. Los chicos y las chicas -todos muy jóvenes- que se reúnen esta mañana para hablar y pensar están exultantes y cansados a la vez. Les pido que cuenten cómo ha empezado todo, cómo se ha llegado hasta aquí. Me dicen que la incineradora es un “símbolo”, el símbolo de un modo de vida que quieren cuestionar. Hay que arrancar de algún sitio concreto, aunque la insatisfacción y el deseo de cambio sea más general. La incineradora puede ser ese “símbolo aglutinador”. En la acampada de Gipuzkoa esperan que otros se junten y se unan, una “convergencia de luchas” por el momento dispersas (pensiones, refugiados, etc.). Es lo que simboliza la tela multicolor. Y, ¿cuál sería el punto en común? “El cuestionamiento de los modos de vida”. “Vida” y “modos de vida” serán términos que se usarán una y otra vez a lo largo de la conversación, es lo que este movimiento pone en el centro.

El proyecto de incineradora se detuvo con Bildu, que propuso como alternativa un sistema de recogida selectiva de basuras “puerta a puerta” (cada día se deposita junto al portal algo distinto: orgánico, envases ligeros, papel y cartón, resto… y se recicla todo). Pero fue cuestionado, se armó un gran revuelo mediático y mucha gente se puso en contra, aunque el experimento continúa en varias localidades. “¿Cómo van a superarse ahora estos mismos problemas?”, pregunto. Una voz contesta que el problema del “puerta a puerta” es que se percibió como una imposición desde arriba, una intromisión excesiva en la vida cotidiana de la gente, una medida “muy politizada”. Otra voz explica que la acampada no entra al trapo del debate sobre las alternativas: los puntos en común son el rechazo a la incineradora y la sensibilización con respecto a la basura que generamos. Una tercera voz apunta que la gente en los pueblos recicla cada vez más, pero por su cuenta; es decir, la acampada de Gipuzkoa no es una especie de vanguardia separada de la realidad, sino la expresión de una base ya en movimiento.

Muchas cuestiones bien importantes aquí para pensar, me parece: ¿se pueden cambiar por decreto las formas de vida? ¿El efecto no es muchas veces justo el contrario del que se desea? En la acampada, me parece percibir que el sentido de la acción no es solamente tratar de impedir la realización del proyecto de incineradora, sino también que crezca la energía gozosa de responsabilizarse de la propia vida. Contagiar horizontalmente otros hábitos, no buscar imponerlos desde arriba.

Afectos

“Ilusión” es seguramente una de las palabras más utilizadas en la conversación. Muchos de los jóvenes que allí están no se han caído de ningún guindo, llevan algunos años implicados activamente en colectivos, iniciativas sociales, movimientos. Pero hay algo “distinto” en la acampada que genera esta “ilusión”. Pregunto de qué se trata.

Uno de los chicos habla del carácter horizontal, asambleario, no predefinido de lo que está pasando. “Los movimientos en Euskal Herria han sido muchas veces muy verticales”. En este caso la emoción y el gozo de la acampada parece asociado a vivir un proceso en el que la gente escribe su propia historia, sin seguir un guión pre-establecido. “Estamos aprendiendo muchísimo”.

Otro chico pasea sus ojos entre los allí congregados y dice: “os miro y no sé vuestros nombres. A mí lo que me ilusiona de esto es que estamos haciendo cosas juntos y no sé el nombre de casi ninguno de vosotros. Y esto en una cultura tan de cuadrillas como la vasca es la hostia”. Frente a la lógica del “quién es quién” por la cual cada cual tiene un espacio o una etiqueta ya asignada, parece abrirse aquí un espacio no codificado y de encuentro entre desconocidos. Algo muy gozoso.

El mismo chico entusiasta me pregunta cómo se gestionaba en Sol la cuestión de los afectos. Explica que allí hay un enganche muy fuerte con la acampada entre los que están presentes más cotidianamente, pero que no se quiere construir un espacio “sólo para súper-militantes”. Rebusco en mi memoria algo útil para compartir sobre este aspecto y recuerdo el énfasis que se ponía en Sol sobre la “rotación”: si estás cansado, ni piensas ni actúas bien, tienes la sensibilidad embotada, vete a casa, descansa y luego vuelve. Que sean necesarios los menos héroes posibles, las menos personas imprescindibles posibles. Y sin embargo qué difícil era organizar esa “rotación” tan necesaria…

Humor

Hablamos también de cómo construir un espacio de invitación para desconocidos, de la importancia del humor y delas formas irónicas y creativas de lucha. Me cuentan que el otro día esperaron a la puerta de la Diputación a Markel Olano, diputado general de Gipuzkoa, y le cantaron el “cumpleaños feliz”. Todos se sonríen recordando el momento. Cualquiera que conozca mínimamente el País Vasco sabe de la importancia de esta anécdota y del cambio que implica en los repertorios de acción.

En este punto se abre un debate. ¿Acaso no hay que descubrir y señalar a los enemigos, a los responsables de todas estas lógicas destructivas? Tampoco somos un grupo de hippies que quieren simplemente vivir felices al margen de lo malo… Pero, ¿cómo hacer esto sin poner la confrontación en el centro, sin que la confrontación devuelva la experiencia a los caminos trillados, sin subordinar las dinámicas más creativas al enfrentamiento, esa afirmación de otra forma de relacionarse que ya está presente en la acampada?

Euskera

Otro tema no resuelto: el idioma. Esta es, según creo, la primera conversación colectiva que se desarrolla en castellano. Muchos de los chicos y de las chicas se excusan al empezar a hablar y explican que no se manejan bien con el castellano, que no se sienten a gusto del todo, que no creen poder afinar con él. Me sorprende muchísimo escuchar eso. Cuando alguien decide hablar en euskera, una mujer nos traduce la intervención, pero a pesar del generosísimo esfuerzo no es lo mismo. Otra mujer que pasa por la plaza y se queda escuchando interviene para decir que le entristece que no todo pueda desarrollarse simplemente en euskera, que no entiende la preocupación de la gente de la acampada por incluir a los castellano-hablantes. Las posiciones contrastan. El tema es espinoso. Divide más que unir. Con buen tino se decide dejar para otro momento, porque el debate requiere un espacio específico y una preparación cuidadosa. ¿Podrá el campamento ser un lugar donde se logre una convivencia sin exclusiones al nivel mismo del lenguaje? Es un desafío.

Taller poético

¿Cómo comunicar lo que está pasando? La batalla contra los estereotipos que identifican, estigmatizan y criminalizan es, por razones muy obvias, más seria aquí en el País Vasco que en cualquier otro lugar. Los estereotipos buscan separar a la gente de la acampada del resto de la población. Nuevos símbolos, nuevas palabras, nuevos relatos son necesarios para compartir la experiencia y abrirla. Propongo -un brindis al sol, pero hace buen día en Donosti y hay que celebrarlo- crear un “taller poético”: una comisión de poetas-cualquiera dedicada a abrir los oídos y captar buenas metáforas que circulen por la acampada, a crear palabras, nombres y símbolos que sirvan para atravesar la capa de plomo de los estereotipos. Romper las barreras. Símbolos, relatos, y nombres pueden ser “conductores” de la experiencia, si están impregnados de ella.  Pueden -más que transmitirla- contagiarla. El lenguaje es un virus, como decía William Burroughs.

Darse tiempo

Aparece también la pregunta sobre “¿y ahora qué? ¿Qué objetivos perseguir?” Aporto en este punto una reflexión quehe aprendido últimamente: la mejor manera de decidir no es ir directamente a por la decisión, sino darse tiempo para pensar. Enriquecer un proceso de pensamiento. En ese proceso se decantará finalmente una decisión. Una decisión más rica, más sentida, más incluyente que si se toma rápida y forzadamente. Algo de esto ya se intuye aquí, por lo que se cuenta en la acampada Gipuzkoa. El desafío es “darse tiempo”, abrir un proceso.

El 15M es ahora

“¿En qué momento nos ves?”, me pregunta ya hacia el final una chica. Respondo que en la fase inicial del enamoramiento. Se trata de gozarla a tope, pero la energía cambiará de tono en algún momento. La madurez de cualquier experiencia consiste en sostenerse y prolongarse también en esos cambios de tono, en los conflictos y los problemas, sin rutinizarse ni disolverse (“divorciarse”). A mi lado, Juan dice: “tienen por delante una travesía del desierto, no nos engañemos, pero se adentran en ella con la fuerza de saberse capaces de generar climas tan potentes como el que hay ahora”.

Acabamos, nos despedimos y nos quedamos hablando un rato en grupitos. Alguien me explica: “mira, cuando fue el 15M aquí estábamos un poco a otra. La ola del cambio pasaba más bien por la llegada de Bildu a las instituciones. Luego vino la decepción, la constatación de los límites… ¡El 15M tal vez está siendo ahora!”

Zorte on!

Actualización 7 de junio: Durante la mañana del lunes 6 de junio, los acampados son desalojados de Plaza Gipuzkoa por la policía y se marchan al bulevar. “Gipuzkoa Zutik no es solo una plaza, una ocupación, no es una trinchera que hay que defender. Somos una idea, nos movemos como el agua y, si no nos dejan estar allí, vamos a aparecer aquí”. A lo largo del día realizan una vistosa acción contra la privatización del muelle y la prohibición del baño. Más tarde asamblea (unas 800 personas) y nuevo intento de volver a la plaza. La policía se lo impide, la reacción es un baile colectivo. De nuevo al bulevar. Cinco detenidos por estar simplemente allí. Silencio masivo en los medios de comunicación oficiales. Llega el verano a Donosti…

Gracias por los comentarios a Juan, Frauke, David, Pablo, Lola, Félix, Sabino e Irati.

 

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