Cientos de personas se solidarizan con las familias de las víctimas del incendio de las viviendas de Zorrotza

Existen dos clases de compasión. Una cobarde y sentimental que, en verdad, no es más que la impaciencia del corazón por librarse lo antes posible de la emoción molesta que causa la desgracia ajena, aquella compasión que no es una compasión verdadera, sino una forma instintiva de ahuyentar la pena extraña del alma propia. La otra, la única que importa, es la que quiere y está dispuesta a compartir el sufrimiento hasta el límite de sus fuerzas y más allá de ese límite.

Stefan Zweig

Murieron y se quemaron porque eran y son pobres, y como tales no han disfrutado de una vida material y culturalmente digna, porque estas víctimas no se seleccionan por su identidad personal, sino por la pertenencia a un colectivo marginado por perjuicios formados a través de murmuraciones y habladurías.

Si queremos construir una sociedad pluralista, en que las gentes puedan compartir unos mínimos de justicia y optar por distintas propuestas de vida buena, de vida en plenitud, hemos de erradicar la pobreza, reducir las desigualdades y cultivar el sentimiento de igual dignidad.

Porque la pobreza es la carencia de los medios necesarios para sobrevivir, pero no solo es eso. La pobreza es la falta de libertad, la imposibilidad de llevar a cabo los planes de vida que una persona pueda tener. Es necesario erradicar la pobreza y las desigualdades en un mundo que cuenta con recursos suficientes para eliminarlas.

Porque es una cuestión de justicia el derecho a una vida sin pobreza y un deber de la sociedad de procurar los medios necesarios. La igualdad de oportunidades requiere igualmente el acceso a la educación, a la salud y a un trato en igualdad por la administración y no un simple lamento por lo ocurrido.

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