¿Qué queda de la democracia? (Por Pedro Ibarra )

Se extienden críticas y condenas a la injusta sentencia del Tribunal Supremo. Son críticas que denuncian las convicciones nacional autoritarias y sus correspondientes decisiones, tanto del Poder Judicial como de su valedor, el Poder Ejecutivo, y de como la sentencia está montada sobre una impresentable calificación de los hechos. La crítica se focaliza en desvelar como el Tribunal decide, desde su convicción de que los procesados eran contrarios al Estado -a su estado, a su poder- que los mismos deben ser castigados y para ello inventan hechos e interpretan de forma absolutamente arbitraria la normativa penal existente

Pero además la sentencia y sus consecuencias hay que enmarcarlas en un escenario superior. Así, la misma es el resultado -el producto- consecuente del funcionamiento regular de un régimen autoritario. Un régimen cuyos gobernantes, aun elegidos de forma democrática, tienen como objetivo impedir la democracia.

El punto de partida, como dice Ramon Zallo, en un reciente artículo es que “la transición ya se basó en la negativa a los derechos nacionales, el disciplinamiento de las reivindicaciones sociales, la monarquía impuesta, la amnistía a los franquistas y el olvido… (y ) ya desde su inicio sufrió un proceso involutivo con diferentes hitos y giros de tuerca, como clavos que remachan la degeneración de un régimen cada vez menos democrático y más cerca de un modelo autoritario”.

Este régimen cada vez menos democrático en realidad es algo más que menos. No es democrático en el sentido profundo, verdadero y deseable del concepto. Hay que señalar que esta transformación de la democracia hacia el vacío democrático es un proceso político que abarca a todas las democracias occidentales. Es un proceso característico de la época neoliberal (ya es época) que ha provocado que el poder político tenga como única tarea fundamental servir al poder económico. El poder político ha quebrado su dependencia respecto a los ciudadanos y por tanto desprecia sus exigencias colectivas. Solo trabaja para los poderes económicos y financieros con el fin de garantizarles y protegerles el pleno desarrollo de esa su natural exigencia de libertad económica. Vaciado democrático en el mundo occidental que, como era previsible, adquiere especial impulso en el Estado Español, líder histórico en rancias tradiciones de política autoritaria.

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